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domingo, 5 de junio de 2011
Desgarrador
Atravieso la frontera del sudor que nos separa y nuestros reinos ya son uno. Nuestra voz ya no se escucha, si es que aún nos queda. Solo nosotros. Solo tú. Solo yo.
Ya no seguimos el ritmo. Por fin amanece. Por desgracia. Sólo queda el cansancio, tu voz, mi música, mi nube difuminada, y la envidia del aire que nos rodea.
Mi mundo.
jueves, 26 de mayo de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Tú y yo
¿No entiendes que tú eres yo? No existe un nosotros, yo no creo en esas baratijas que nos venden por la calle. Existe un tú y yo. Con una hermosa y fehaciente conjunción copulativa (ah, dichosa ironía) entre medias. Pero inseparables. Y eso es lo bonito. Separados pero inseparables.
Hagas lo que hagas, yo también. Nosotros no. Tú y yo. Inseparables.
martes, 5 de abril de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
Vicisitud climatológica
En una extraña pirueta del destino, salí a la calle un día de sol con paraguas y me llovieron cientos de puñales en forma de palabras.
domingo, 20 de febrero de 2011
El refugio
A veces, suelo esperar a los días de viento. Entonces salgo al bosque solo para que los árboles me den la razón.
sábado, 12 de febrero de 2011
El peso de la verdad
Sentados, al borde del abismo y con sus brazos rodeándose, se juraron amor eterno. El cielo cambió de color. Ya anochecía su amor.
viernes, 4 de febrero de 2011
El peso de los sueños
Y, una vez hecha la cama, no se volvieron a ver. Aquello solo fue un error. Nadie les dijo que estaban hechos el uno para el otro.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Laberinto
Intenté reunir fuerzas para decir lo que no debía, pero no pude. Me senté ante el laberinto hecho con el material con el que dañas y decidí no moverme.
No lo sabes, y parece que no te importa. Pero ahí me quedé. Días, semanas, posiblemente meses. Y no me moví.
¿Para qué entrar en ese laberinto si acabaría volviéndome loco buscando una salida?
De nada me sirve andar descalzo por las espinas de tus rosas, que un día son suaves y otros ásperas y cortantes. Ya escarmenté, pero no importa, soy un animal de costumbres. Ya volé y ya aterricé.
Y de nuevo ante ese laberinto sigo dolido.
Me volví de hierro, y le di a los demás mi caparazón. Sus daños y dolores son mis daños y dolores, pero los míos no son suyos. De nadie. Sólo míos y vacíos. Creo que es justo.
Me preocupé tanto por lo ajeno que olvidé lo propio y me olvidé. Y me olvidaron.
Y de nuevo ante ese laberinto sigo dolido, y olvidado.
Mi cabeza sigue alta, ella no entiende de qué hablo. Quizá me dañen, pero ellos no son dañados. Soy su escudo. Son mi lanza. Es lo más justo.
Uno por todos, y nadie para uno.
Golpéame, te seguiré queriendo; triste, dolido y olvidado.
domingo, 30 de enero de 2011
El peso de la vida
El niño se despertó maldiciendo a aquel que, sin su permiso, entró en sus sueños y robó, de lo más profundo, su esencia.
Y creció, y nunca más volvió a soñar, cabreado con el mundo.
miércoles, 26 de enero de 2011
Canción de cuna a un niño muerto
Por las grietas serpenteantes, dulce niño,
se respira la inocencia acongojada
de quien, pluma en mano, hace un cuchillo.
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